viernes, 18 de marzo de 2016

GRANADA SIGLO XIX.

GRANADA SIGLO XIX

El siglo XIX potenció el sector servicios, el comercio y la artesanía, además de la productividad agrícola de la vega, convirtiendo estos factores a Granada en una de las ciudades con la renta más alta de España.
El clero regular tenía un gran peso económico en la ciudad por sus grandes posesiones y por sus actividades que incluían la regencia de varias hospederías.

La estructura urbana seguía manteniendo un carácter medieval, al menos en los barrios intramuros, y se conservaba aún buena parte del caserío de época musulmana, lo que la hacía una ciudad pintoresca pero insalubre.
A finales del siglo XVIII se había producido un gran desarrollo de las industrias complementarias de los cultivos de la seda,el lino y el cáñamo que produjo un fuerte crecimiento económico. Pero ya a comienzos del nuevo siglo, este mercado comenzó a decrecer.
Plano de Granada en el siglo XIX.
 
En 1810 las tropas francesas ocuparon la ciudad de Granada, hasta 1812. Este breve período supuso una grave carga económica, debido a las innumerables obras de fortificación que hicieron en los alrededores de la Alhambra y el Castillo de Santa Elena.
También desarrollaron algunas obras urbanas como el ajardinamiento de los Paseos del Salón y la Bomba y el Puente Verde sobre el río Genil. Antes de abandonar la ciudad, destruyeron varias torres de las murallas de la Alhambra y otros edificios que tenían uso militar.
Puente Verde, Granda.
Toda la primera mitad del siglo XIX fue una época de declive económico, estancamiento demográfico y deterioro del caserío urbano, lo que agravó los problemas endémicos de salubridad. A ello se sumó la pérdida de peso político y burocrático.
Las desamortizaciones empeoraron la situación, impulsando, por el contrario, un proceso de destrucción del patrimonio histórico.
Con la llegada de la reina Isabel II al trono se inició una modernización de la ciudad para mejorar sus condiciones de salubridad y renovar los casaríos.
En las últimas décadas del siglo XIX se produjo una mejora económica. Se impulsó el comercio y se abrieron nuevas calles.
 Granada tomó una imagen burguesa y modernizada gracias al patrimonio artístico que poseía.


Destrucción del patrimonio de Granada.

Primeras Fábricas en Andalucía.

LAS PRIMERAS FÁBRICAS EN ANDALUCÍA.

 Las primeras industrias que se se desarrollaron en Andalucía fueron la siderúrgica y la textil. La siderurgia andaluza fue la más importante de España entre 1833 y 1866. Se centró en el eje Málaga-Marbella y en Sevilla y Almería:

Una de las primeras fábricas de Andalucía.
A partir de 1862 se produjo una decadencia. El empleo de carbón vegetal como combustible había esquilmado los bosques mediterráneos costeros. El carbón asturiano que comenzó a reemplazarlo no era competitivo. Además, al mismo tiempo la siderurgia del norte, con un carbón barato, experimentó un vertiginoso crecimiento. El hierro andaluz, con un alto coste de combustible, dejó de ser rentable y las fundiciones se vieron abocadas al cierre.

La industria textil andaluza presentó a partir del segundo tercio del siglo XIX un amplio crecimiento, favorecido por el arancel de 1841, que prohibía la importación de paños extranjeros para facilitar la creación de una industria pañera nacional. La manufactura textil andaluza incorporó la mecanización en los sectores tradicionales - lana y lino - y desarrolló un moderno sector algodonero, dependiente del consumo interno.
La industria textil andaluza vivió su etapa de mayor esplendor hacia mediados de siglo, pero la falta de mercado exterior, lo reducido de su demanda interna y las crisis económicas de la segunda mitad del XIX la condujo a una decadencia a partir de los años ochenta.

 Otras industrias que también tuvieron éxito en Andalucía fue la industria azucarera, desarrollada principalmente en Granada, se servían de la caña y, posteriormente, de la remolacha, tuvieron gran importancia en la costa y en la vega.
A principios del siglo XX esta industria se extendió por varias poblaciones de la región.
La industrial naval gaditana también fue importante para el desarrollo económico de la ciudad.
Fábrica azucarera de Granada.


La industria minera tuvo éxito debido a la riqueza de minerales de Andalucía, como el plomo, el cobre, el hierro, y el carbón.


jueves, 17 de marzo de 2016

ALMERÍA SIGLO XIX

ALMERÍA EN EL SIGLO XIX 


En el casco antiguo de la ciudad de Almería se produjo una crisis, que afectó a la economía, demografía y a la sociedad almeriense..
Aparecieron las primeras instalaciones de la ciudad, creadas para la exportación. Se reactivó el puerto, paralelamente.
La demografía cambió, mostrando la existencia de una burguesía liberal.
 
Los factores que produjeron el crecimiento urbano fueron el desarrollo de barrios periféricos, y dentro de la propia ciudad, la reutilización de los espacios no edificados.

Barrio periférico de Almería, siglo XIX.

La estructura urbana antigua permació debido a que los muros de la ciudad la convertían en una ciudad cerrada. La organización urbana que los árabes habían establecido en Almería no cambió, siendo una ciudad con un plano desordenado.
Una de las soluciones que se tomaron para hacer la ciudad más grande, y a su vez,mejorar la economía de la ciudad fue el derribo de la muralla, que fue totalmente necesario debido al gran crecimiento demográfico que se había producido. Las murallas en el Siglo XIX sólosuponían una dificultad para la comunicación del centro y los barrios periféricos.

Plano de Almería del siglo XIX.
Otra solución dada fue modificar la red viaria mediante la alineación de calles y plazas, para lo que se tuvieron que establecer nuevos proyectos urbanísticos.

Seprodujo un abandono en Almería, un desplazamiento del centro de la ciudad. Principalmente se produjo esto por la gran desamortización de conventos del este de la ciudad y del derribo de las murallas.
La aparición del ferrocarril y el establecimiento de su estación, provocó la atracción de la gente a la ciudad.
Todo esto acarreó el desplazamiento del centro de la ciudad hacia el este.

Alinear las calles no fue una tarea fácil, ya que fue necesario elaborar su trazado y sus ensanches. La modificación de estas calles tenía como objetivo mejorar el saneamiento de las calles y mejorar la higiene para la vida de las personas.

Calle de Almería en el siglo XIX.
Los principales objetivos de la modificación urbana de la ciudad de Almería era conseguir una mejor comunicación entre las distintas partes de la ciudad y de estas con el exterior. Abrir los antiguios barrios intentando mejorar sus condiciones higiénicas y proporcionar un marco adecuado a la especulación a gran escala sobre el casco antiguo de la población.

EL REGIONALISMO EN ANDALUCÍA.

El historicismo, igual que el eclecticismo, supone para el arquitecto la posibilidad de reproducir cualquier estilo o elementos de la arquitectura del pasado. Esta libertad significará en el caso andaluz, sobre todo la utilización de los estilos que estuvieron vinculados con nuestro pasado cultural. Es decir, por un lado los de origen árabe representado sobre todo por el neomudéjar y el neoárabe, aunque este último de forma mucho más restringida; por otro lado, hubo también un resurgir de otros estilos nacionales como el gótico, plateresco y renacentista. En este tipo de obras se utilizaron materiales tradicionales, algunos de ellos procedentes de nuestra arquitectura popular, que fueron adaptados para su empleo en los diferentes lenguajes, nos referimos al ladrillo, el yeso, el azulejo, la cerámica o el hierro forjado en el caso de la rejería.
Estos materiales hicieron posible el mejor aprovechamiento de un conjunto de técnicas artesanales, que favorecían el resultado de una determinada forma de construir, y que podríamos definir como una fusión entre los elementos locales y nacionales. Su aplicación a un ámbito geográfico concreto, como es el caso de Andalucía, y a una época determinada, que viene a coincidir más o menos con el primer tercio del siglo XX, generó un “estilo” que fue también conocido como “estilo sevillano”, y que tuvo gran acogida no sólo en la ciudad de Sevilla, sino que se extendió a toda su zona de influencia, es decir la Baja Andalucía.
El regionalismo histórico, en la medida en que puede considerarse de algún modo, una forma de eclecticismo, comienza su gestación en las últimas décadas del siglo XIX, a lo que, como es sabido, contribuyó de forma importante la reforma de la enseñanza de la arquitectura con la creación de la Escuela Superior en 1845. Fue entonces cuando se incluyen por primera vez los estudios de historia de la arquitectura en los programas de enseñanza, y la Academia se verá influenciada por el incremento de este tipo de publicaciones. A todo esto debemos añadir, la realización en el último tercio del siglo XIX de un mayor número de intervenciones para restaurar monumentos históricos en algunas de las principales ciudades, lo que se traduciría en un mejor conocimiento de los estilos locales o autóctonos. Este hecho influirá decisivamente en el empleo del estilo regionalista y en las construcciones que los nuevos arquitectos realizarán dentro de nuestra geografía.
El regionalismo arquitectónico –según Villar Movellán- es la respuesta de la arquitectura a un planteamiento regeneracionista que surge a prtir de la llamada crisis del 98, a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Este regeneracionismo intentó el desarrollo de las regiones como una forma de salir de aquella situación. Se buscó algo distinto a lo que estaba haciendo el eclecticismo, pero sin perder de vista la historia ni la cultura tradicional de cada región.
El principal representante de este regionalismo histórico en Andalucía fue sin duda el arquitecto Aníbal González, cuya actividad profesional estuvo íntimamente relacionada con su ciudad natal y más concretamente, con la activa participación en uno de los acontecimientos que más repercusión tendría en la ciudad de Sevilla, nos referimos a la Exposición Iberoamericana celebrada en la capital andaluza en el año 1929. Otros arquitectos sevillanos que destacaron en aquella fecha son: Simón Barris y Bes, Antonio Arévalo Martínez, José Espiau y Muñoz, Antonio Gómez Millán, Juan Talavera y Heredia, Vicente Traver, o Aurelio Gómez Millán, Algunos de ellos partícipes de las características de este regionalismo que tanto calado tuvo en la ciudad y en sushabitantes. 

Sobre los regionalismos ha dicho Navascués que son movimientos que intentando dar solución al problema de la originalidad en la arquitectura, cayeron en una revisionismo historicista, de distinto signo que el neogótico y el neomudéjar, pero que al fin y al cabo representan dos nuevos revivals: el neoplateresco y el ne obarroco. De este modo queda completo el ciclo que en su día comenzó el neoclasicismo, que después de haber quemado las etapas más importantes de la historia de la arquitectura, terminaba en el último gran estilo de reciente revalorización.
Pero la arquitectura regionalista del primer tercio del siglo XX, se vería pronto desprestigiada por los mismos hombres que vivieron la etap a de auge regionalista y que al finalizar la guerra civil consideraron la conveniencia de empezar de cero, para favorecer la política de creación de un nuevo orden. Todos los años posteriores impidieron una valoración imparcial del movimiento regionalista en todos sus aspectos, igual que sucedería con otros movimientos arquitectónicos posteriores. Cuya revisión y estudio se han iniciado hace relativamente poco tiempo.
El regionalismo histórico andaluz sufrió también fuertes críticas, al considerarse como una arquitectura mimética del pasado, y basada en la conjugación de estilos históricos combinados con algunos elementos ornamentales propios de la arquitectura local. Elempleo de una mayor decoración encuentra tal vez su explicación por las dificultades económicas del momento, que se tradujeron en un número escaso de obras de nueva planta, y eran por lo tanto, mucho mayor el número de proyectos de renovación de edificios antiguos. Esto significaba un mayor es fuerzo en el aspecto decorativo, para lo cual, en las primeras décadas del nuevo siglo, se utilizaban elementos de procedencia industrial que lo hacían excesivamente repetitivo. Hablamos sobre todo del empleo del ladrillo como elemento fundamental de la arquitectura mudéjar, o para el caso del estilo sevillano, de la utilización del azulejo tradicional de los alfareros de Triana, que tuvo un resurgir en sus técnicas artísticas, lo mismo que el yeso, la madera o el hierro que también formaban parte de materiales tradicionales con fines decorativos.

 Suárez Garmendia destaca también otro rasgo típico de la arquitectura regionalista sevillana o incluso andaluza. Me refiero al tratamiento que se hacen de algunos elementos espaciales característicos de nuestra herencia arquitectónica. Este hecho queda de manifiesto en el espacio formado por el zaguán, cancela y patio, que su utilizó dentro de esta corriente, y que era considerado como elemento externo, invirtiendo los valores tradicionales que este tipo de espacios había tenido hasta ese momento para la arquitectura de la que provenía. Este autor considera, que Sevilla con su regionalismo contribuyó en gran medida, proponiendo las formas de su arquitectura dentro de unos cánones puramente autóctonos que fueron dirigidos hacia lo que se ha considerado como el primer estilo sevillano. Si al principio se pretendió hacerlo sobre las bases delhistoricismo medieval, en la última década, también jugaron un papel importante el plateresco y el barroco. Esta fue la herencia que recogieron los arquitectos de la etapa siguiente para llevarla hasta sus máximas consecuencias dentro del regionalismo.
Este aspecto puede observarse muy claramente en la evolución de la obra de Aníbal González, que en su última etapa utilizaría los elementos renacentistas y barrocos, pero haciendo uso sobre todo de su concepto compositivo, y manteniendo a la vez los elementos del neomudéjar como base de su repertorio ornamental. Esta transformación de elementos espaciales pertenecientes a los espacios privados de la casa, algunos de ellos procedentes de la arquitectura árabe, que delimita de forma concisa los espacios internos y externos, se transforman al ser incluidos dentro del regionalismo en elementos espaciales decorativos, donde se emplean gran parte de estos materiales a los que hemos aludido, como lacerámica o el hierro en forma de rejería. Son espacios heredados de otros estilos que la arquitectura local ha ido transformando y adaptando conforme al clima, a las costumbres sociales.
El estilo regionalista y el historicista fueron utilizados en diferentes zonas de nuestra geografía nacional por la arquitectura ferroviaria. Destacan ejemplos como la estación de Toledo, obra del arquitecto Narciso Clavería que trabajaría para la Compañía MZA  además de compartir algunos proyectos en Madrid con su maestro Juan Bautista Lázaro.El edificio de la estación de Toledo construido en 1917 representa uno de los mejores exponentes del estilo neomudéjar, utilizando detalles propios del mudéjar toledano, como la construcción de la torre del reloj en el edificio de viajeros, que expresa la influencia de las torres de las iglesias que con este lenguaje se construyeron en la ciudad. Otro ejemplo significativo es la estación de Ripoll, que presenta un estiloneorrománico, también con influencia de las construcciones de esa zona, y un tercer ejemplo lo tendríamos en el historicismo de las estaciones de la línea de Sevilla a Huelva construidas por la Compañía MZA, y proyectadas por el ingeniero D. Jaime Font hacia 1880, por lo que se pueden considerar como uno de los precursores de la utilización de este estilo en la arquitectura ferroviaria de Andalucía.







ARQUITECTURA MODERNISTA EN ANDALUCÍA.

El movimiento modernista se sitúa entre la última década del siglo XIX y la primera del siglo XX.
No fue éste un estilo que se desarrollara en solitario, pues en esos mismos años arquitectos ajenos a este movimiento artístico seguían trabajando dentro del más puro clasicismo, al tiempo que otros experimentaban dentro del campo eclectecista ; y otros más, levantando edificios historicistas en clave neogótica, neomudéjar, neorenacentista o neobarroca.
El modernismo viene a ser la traducción del "Art Nouveau" francés que se expandió por toda Europa. Y una de sus características sería su complejo complemento decorativo, siendo el cultivo de los oficios algo que debe mucho al modernismo: las vidrieras emplomadas, la cerámica vidriada, la carpintería decorativa, la ornamentación escultórica o el hierro forjado tuvieron un gran desarrollo en esta época. Otra característica es su relación con la naturaleza, siendo la decoración modernista abundante en temas vegetales y florales, pero de alguna manera idealizada o transformada por la mentalidad del propio artista. 
Aunque el eclecticismo fue el modo de hacer habitual de los arquitectos del siglo XIX, y quedaba claro que se podía tomar cualquier estilo y mezclarlo con otros a voluntad, algunos de estos estilos fueron más valorados que otros. En especial, debido a las corrientes románticas de finales de siglo, uno de ellos fue el gótico, por su misticismo religioso. Otro componente importante del modernismo sería el exotismo, que en España quedaba muy asociado a lo islámico. Ambos factores fueron de especial importancia en el concepto modernista en general, quedando tamizados en Andalucía además por las corrientes culturales locales.
En Sevilla el movimiento modernista fue seguido en algún momento por casi todos los grandes arquitectos de principios del siglo XX, entre los que se encuentran Aníbal González, Juan Talavera y Heredia, Antonio Gómez Millán o José Espiau y Muñoz , entre otros. Entre todos ellos se creó un pequeño patrimonio de edificios que cuentan con los elementos y la estética propios del modernismo, algunos de los cuales son:

-La Casa para Antonio López, en Calle Orfila, de 1907, obra de José Espiau y Muñoz.
-El Edificio en Calle Adriano, de Antonio Gómez Millán, de 1914.
-La Casa para Juan Haro, de Simón Barris, en Calle Tomás de Ibarra, 7 y 9, de 1905
-La Casa para el Marqués de Villamarta, en Calle Reyes Católicos, 11, de 1904, obra de José Gómez Otero y José Espiau de la Coba.
-La Casa Laureano Montoto, en Calle Alfonso XII, de Anibal González, de 1906.
-La Casa Arcenegui, en Plaza de San Francisco, de 1911, obra de José Espiau y Muñoz.

LA CASA LAUREANO MONTOTO.


miércoles, 16 de marzo de 2016

CIUDADES DEL SIGLO XIX.

CIUDADES DEL SIGLO XIX

Las ciudades del siglo XIX se convirtieron principalmente en ciudades industriales, lo que transformó la forma de organización de éstas.
Los núcleos urbanos crecieron mucho, debido al gran éxodo rural que se produjo, lo que dio lugar a nuevos barrios.
La burguesía fue la gran beneficiada de la industrialización y se estableció en barrios propios, provocando la aparición de ensanches y la destrucción de murallas.
derribos de murallas. Ésto también supuso una construcción de infraestructuras sanitarias e higiénicas, como el suministro de agua y el alcantarillado.

-Ensanches: 
Consisten principalmente en la ampliación de una ciudad. Se solían desarrollar mediante un plano en cuadrícula o un plano octogonal.
La construción de estos ensanches tenía como fin conseguir una ciudad saludable para la burguesía, pero con el paso del tiempo, a medida que las ciudades seguían creciendo, desaparecieron estos ensanches.

Ensanche de la ciudad de París. Siglo XIX.

-Derribo de murallas: 
En el siglo XIX se consideró oportuno el derribamiento de antiguas murallas por la pérdida de valor funcional de éstas.
Los avances armamentísticos mostraban el carácter obsoleto de las fortificaciones, que suponían una forma de opresión del recinto urbano. Era preciso crear una zona militar más amplia.
Las murallas constreñían el desarrollo natural urbano, generando un anillo sin edificaciones por fuera del recinto, agravando las diferencias entre el casco urbano y las poblaciones periféricas.
Suponía también un hacinamiento de la clase obrera sin tranajo.
Derribar las antiguas murallas supuso la revalorarización de terrenos, que serían explotados y en ellos se construirían viviendas y demás infraestructuras para el desarrollo de la vida de las personas.

Derribo de la muralla de Pamplona.

-Reformas Higienistas:
Se basaban en el desarrollo científico y médico. El movimiento higienista trataba de mejorar las condiciones del ambiente y erradicar la insalubridad de las ciudades industrializadas y las condiciones de vida de las clases desfavorecidas.
La falta de espacio en las ciudades provocaba situaciones de hacinamiento, en barrios donde los servicios básicos eran insuficientes. Las viviendas eran reducidas e insalubres, lo que aumentaba la existencia de enfermedades.
Para solucionar este problema se desarrollaron ensanches en las ciudades burguesas, pero en los barrios obreros las condiciones seguían siendo muy malas y generaban riegos para la salud de sus habitantes.
Una de las medidas más importantes que se tomaron para acabar con los problemas de higiene en las ciudades fue la construcción de redes de alcantarillado, También se llevó a cabo la recogida y transporte de aguas residuales, y su depuración.

Construcción de un sistema de alcantarillado, siglo XIX.

Casas Señoriales Barrocas.

CASAS SEÑORIALES BARROCAS


Las casas señoriales son también conocidas como palacios, que son los típicos edificios urbanos de las familias pudientes. Se caracteriza por sus fachadas dinámicas, con curvas y contracurvas, y el juego de luces y sombras, en los que se resaltan las piezas principales.
El palacio barroco rompe con el palacio-fortaleza renacentista y los edificios se abren por alguno de sus lados hacia patios, jardines, etc. Sus fachadas se hacen más dinámicas y sus salones principales resaltan por su abundante decoración. Es el edificio que manifiesta el poderío de la aristocracia ante el pueblo. 

-Palacio de las Escalonias:

Fachada principal del Palacio de las Escalonias.
 Ocupa una parcela de trazado irregular. La fachada principal se articula en dos plantas dividida en cinco calles verticales rematada en un cuerpo de ático o sobrado. La singular articulación de los vanos efectuada para guarnecer ventanas y balcones, la composición de los dos cuerpos, el primero con pilastras toscanas, almohadilladas resaltadas y el segundo con un balcón de pilastras cajeadas coronado por un entablamiento con grandes triglifos volados, rematado con un frontón triangular denticulado, le confiere una mayor entidad a la calle central, donde se inscribe la portada, enfatizando la verticalidad del edificio.
La planta baja se estructura a partir de un amplio zaguán rectangular cubierto por un interesante artesonado en cuyo lateral se abre la escalera de acceso a las habitaciones principales. A través de una cancela se desemboca a un patio rectangular y descentrado, que presenta una única ala de galerías en la cara suroeste, en la crujía que se corresponde con la fachada principal. Este espacio es de tres plantas superpuestas articuladas mediante dos niveles de galerías abiertas con arcos de medio punto sobre columnas toscanas de mármol muy estilizadas en los dos primeros pisos y de estructura adintelada en el último. En esta crujía es donde se ubican las habitaciones principales dispuestas a lo largo de un estrecho y largo corredor que abre al patio a través de la galería cerrada mediante ventanales de maderas con celosías. A la planta que se desarrolla mayoritariamente como ático se accede por una escalera de caracol que comunica con la zona de servicio.

Patio interior del Palacio de las Escalonias.
-Palacio del Bertemati:
Portada principal del Palacio Bertemati.

Se trata de dos casas unidas, construidas por el sevillano Antonio Matías de Figueroa. Aunque su autor no es claramente reconocido, se cree que es de Antonio Maíaspor sus similitudes con el Palacio de San Telmo de Sevilla, pero actualmente se piensa que el autor fue Juan de Bargas. 
El Palacio se compone de una portada barroca. Tiene dos cuerpos de altura, está elegantemente trazada y su ejecución es resuelta, tanto en su diseño como en su decoración. En ella destacan las columnas labradas en su fuste y sobre pedestales girados, que avanzan en la fachada para sostener un movido balcón, triplemente curvado por la inclusión en su centro de una rotunda ménsula cilíndrica. Un variado repertorio de curvas, contracurvas, ondas y quebrados contribuyen a exaltar, como en un retablo, la composición central sobre el hueco superior.

Patio interior del Palacio Bertemati.
-Palacio del Marqués de Montana:

Fachada principal del Palacio del Marqués de Montana.
El antiguo Palacio del Marqués de Montana, durante muchos años propiedad del marqués de Domecq. El palacio es plenamente de estilo barroco.
El edificio se sitúa de forma exenta y presenta una planta prácticamente cuadrada, disponiéndose interiormente de forma casi simétrica. Su composición volumétrica es clara, prácticamente paralela, mostrando al exterior su disposición en dos plantas diferenciadas por sendos tipos de huecos y delimitadas mediante cornisas. El sobrado, tiene menor altura y en él se abren huecos rematados con rejas. La fachada principal se compone con balcones de plantas muy movidas con tejaroces y guardapolvos de pizarra, destacando la portada principal por su composición y su porte.
La distribución interior se desarrolla en torno a un patio de planta cuadrada al fondo del cual se sitúa una escalera imperial. El resto de las dependencias se ubican en las crujías perimetrales.

Patio interior del Palacio del Marqués de Montana.